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viernes, 6 de julio de 2012

Centenario Lángara (5/12): España, víctima de un calamitoso arbitraje (1934)


ESPAÑA, VÍCTIMA DE UN CALAMITOSO ARBITRAJE (1934)

La dureza italiana dejó fuera de combate para el partido de desempate a siete españoles: Zamora, Ciríaco, Fede, Lafuente, Iraragorri, Gorostiza y Lángara.

Eliminado Brasil, don Amadeo García Salazar estudió el equipo que iba a intentar lo casi imposible: eliminar a Italia, en su propia casa, era tarea difícil. Primero, el estadio Berta de Florencia iba a albergar a todos los aficionados de la Toscana, volcados con Italia. El Gobierno de Mussolini y el propio “Duce” habían hecho de este campeonato una cuestión de Estado ganarlo. España sabía que iba a ser una batalla campal. Se temía al argentino nacionalizado italiano Orsi, por su gran juego como exterior izquierdo. Pero se temía asimismo al también argentino nacionalizado Monti, medio centro, por su dureza. Todo se cumpliría en aquella jornada gloriosa de nuestra selección, donde el árbitro belga Baert, parcialísimo, evitó la eliminación de Italia. España, que mereció ganar, alcanzó un valiosísimo empate en medio de un auténtico infierno. Gloriosa selección española la de aquel día.
 
Gol ilegal italiano

Don Amadeo García Salazar prescindió de Lecue. Alineó a Luis Regueiro de interior izquierdo, aunque el irunés jugase siempre en el Madrid en la parte derecha. Pero Iraragorri había sido un gigante ante Brasil y era inamovible. Por otro lado, para cerrar al formidable Guaita –brasileño de origen- el médico de Vitoria dejó fuera a Marculeta y sacó al sevillista Fede, que era una lapa. Formaron por España: Zamora, en el marco; en la defensa Ciriaco y Quncoces; en la línea de medios Cilaurren, Muguerza y Fede; y en el ataque Lafuente, Iraragorri, Lángara, Luis Regueiro y Gorostiza. Era un cuadro formidable. Salvo Zamora, barcelonés, todos los demás eran vascos. Porque Fede, aunque nacido en Santander, se había criado en Vitoria.

Formación española del primer partido de cuartos de final ante Italia en Florencia. Lángara es el primero por la izquierda.

Italia, por su parte, con el avispado seleccionador Vittorio Pozzo, puso en línea de combate una formación de lujo. De portero, Combi; Monzeglio y Allemandi en defensa. Pizziolo, Monti y Castellati en la media; Guaita, Meazza, Schiavio, Ferrari y Orsi al ataque. El belga Baert fue el árbitro y el mejor aliado para que Italia no fuese eliminada. Su actuación fue vergonzosa. A los treinta minutos, Lángara sacó en corto una falta. Los italianos esperaban el disparo del gran artillero ovetense pero Isidro fue inteligente: sacó en corto, suave, a los pies de Luis Regueiro. El irunés tenía un buen tiro de derecha y agarró un empalme cruzadísimo que fulminó a Combi. El estadio Giovanni Berta se asemejó a un funeral. Pero esta ventaja fue la señal de comienzo del expolio a España. Baert era parcialísimo. Monti sacó el hacha de guerra. Lángara sufrió entradas escalofriantes del fortísimo jugador italo-argentino. Pero atrás, Zamora lo paraba todo y Quincoces jugó el mejor partido de su vida. Cuando quedaba un minuto para el descanso, un centro sobre el marco español lo fue a blocar Zamora. Tres jugadores italianos le cargaron al mismo tiempo, lo derribaron, le quitaron la pelota de las manos –clarísima falta entonces como hoy- y Ferrari marcó. Baert dudó en concederlo porque la agresión a Zamora había sido clarísima. Consultó, por contemporizar, con el juez de línea y éste –atemorizado por las iras de la grada cercana- dio el gol. De nada valió la protesta masiva del equipo español. Lángara e Iraragorri, que se pasaron en sus gestos y protestas, fueron amenazados de expulsión [1]

Consumado el robo

Lángara peleándose con los italianos
En la segunda parte, España jugó con el mismo ímpetu. El estadio era un funeral. Italia se defendía como podía. Lángara tiraba desde cualquier distancia. Iraragorri desbordó a Monti con unas fintas admirables y el medio le cazó en una de ellas alevosamente. No volvería a jugar. A la media hora de esta segunda mitad, Lafuente recoge un pase de Lángara y marca de tiro cruzado. El árbitro Baert mira al linier. Este se queda quieto y anula un gol como una catedral. Estaba visto: Italia, organizador, tenía que pasar. Pero tuvo que sufrir porque el partido terminó en empate. Hubo prórroga y Lafuente en este tiempo adicional disparó al palo. No se movió al resultado. Había que jugar otro partido de desempate en el mismo campo al día siguiente, 1 de junio de 1934 [2]. España solicitó a la organización y a la FIFA un día de descanso dadas las numerosas bajas que padecía por el juego durísimo de Monti y compañía. Italia se opuso porque estaba más entera. Hubo que jugar al día siguiente. España estaba destrozada. Puede comprobarse. Del partido anterior salieron lesionados Zamora, Ciriaco, Fede, Lafuente, Iraragorri, Lángara y Gorostiza. Total, siete jugadores bajas. Don Amadeo García Salazar pidió entrega a los siete suplentes que iban a tratar de salvar la eliminatoria. Eran Nogués (por Zamora), Zabalo (por Ciriaco), Lecue (por Fede), Ventolrá (por Lafuente), Chacho (por Iraragorri), Bosch (por Gorostiza) y lo más importante: Campanal por Lángara. Era demasiado. Pues bien, pese a eso, pese a que el árbitro suizo Mercet que lidió el desempate volvió a barrer para Italia, España vendió cara su derrota. Perdió por uno a cero, los siete suplentes fueron unos héroes, le fue anulado un gol al asturiano Guillermo Campanal, sustituto de Lángara y todo el mundo futbolístico reconoció el expolio cometido contra España. La afición hispana recibió al equipo en Barcelona, a su regreso, en loor de multitud. Y tiempo después se jugó un partido amistoso en Madrid ante la selección de Budapest en homenaje a los héroes de Italia. El entonces presidente de la República española don Niceto Alcalá Zamora condecoró a todos los jugadores en el descanso con la medalla al mérito deportivo. Fue la mejor hazaña de un equipo español. Lángara (cinco partidos, diez goles) estuvo allí.

Manuel SARMIENTO BIRBA

Momento en el que el Presidente republicano Alcalá Zamora condecora a Lángara.

Notas:
[1]: El uso de tarjetas para indicar amonestaciones y expulsiones comenzó en 1970. Hasta entonces las realizaba el árbitro verbalmente a cada jugador.
[2]: Las tandas de penaltis tras prórrogas se instituyeron como fórmula oficial de desempate casi cuatro décadas más tarde.

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